ciclo el paraíso

entre flores y jardines

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JARDINES Y MITOLOGÍA (I)

The Draughtsman’s Contract

En el texto 01 (“Geometría de lo sagrado”) ya comenté la poderosa relación de las flores -y su papel fundamental- con la mitología clásica. En el relato del nacimiento de Afrodita (Venus) vimos cómo esta diosa estaba relacionada íntimamente con la rosa, así como con el mirto, además, hay un gran número de flores que también son esenciales para la definición del aspecto simbólico de los mitos: el jacinto por la sangre derramada del amante de Apolo, o la anémona por la del amado de Afrodita, Adonis, la amapola de los trigales por la diosa de las cosechas Demeter, el narciso aparecido de la transformación del cuerpo del joven enamorado de sí mismo, o el heliotropo girasol por los celos de la oceanide Clitia, así como variados frutos o árboles, atribuidos o relacionados con dioses, ninfas o héroes. Todos ellos podrían formar parte de un jardín ideal el que hablaremos en otro momento.

El nacimiento de Venus (1485) de Sandro Boticelli tiene una relación directa con Stanze per la Giostra (1478) de Angelo Poliziano, donde se describe el nacimiento y llegada a tierra de la diosa (ver “Afrodita. El nacimiento de la forma”, y la relación existente -dentro del ambiente neoplatónico de la Academia Florentina- entre Boticelli, Poliziano, los Medecis –Lorenzo y Giuliano di Pietro- y Simonetta Cattaneo), también fundamental para otro cuadro de este ciclo pagano (junto a Venus y Marte (1483), Palas y el Centauro (1483) y el citado Nacimiento), La Primavera (1478), describiendo casi literalmente el Jardín de Venus pintado por Boticelli, que sirve de marco a una composición de enredos mitológicos. Una descripción detallada de un muestrario de plantas y flores creadas y esparcidas por Flora (Clotis) siendo esta diosa la representación simbólica del jardín. Tanto en Boticelli como en Poliziano -como parte del espíritu del renacimiento- podemos entender el jardín como ideal de una visión platónica de la naturaleza, recreándola como un espacio mental, siendo el más paradigmático ejemplo la Arcadia, paraíso pastoril, que, aunque no es realmente un jardín, sino una naturaleza bucólica y amansada, nada tiene ver con la naturaleza telúrica de violencia indiscriminada y cruel. (No me resisto a citar a Camille Paglia –Sexual Personae- ya que su análisis sobre los principios apolíneos y dionisiacos encaja muy bien sobre la visión del jardín como espacio de representación ideal: “Nuestra concentración en lo hermoso es una estrategia apolínea. Las hojas, las flores, los pájaros, las colinas constituyen un patrón en forma de patchwork mediante el cual trazamos mapas de lo conocido. Lo que se reprime en la visión de la naturaleza es lo telúrico, lo ctónico (…) térmico que he adoptado como sustituto de dionisiaco, demasiado contaminado con el sentido de diversión o de broma. Lo dionisiaco no tiene nada que ver con las meriendas campestres. Se trata de la realidad ctónica –de las entrañas de la tierra- que Apolo elude, el ciego bregar de las fuerzas subterráneas, la larga y lenta succión, las tinieblas y el cieno. Es la brutalidad deshumanizadora de la biología y la geología, los despojos y las sangrientas matanzas darwinianas, la mugre y la podredumbre que hemos de apartar de nuestra conciencia para poder mantener nuestra integridad apolínea como personas. La ciencia y la estética son intentos de modificar imaginativamente este horror para darle una forma aceptable.” El jardín como mejor ejemplo.)

Allegoria della primavera (ca. 1478). Temple sobre tabla, 203x314 cm. Galería Uffizi, Florencia.

El cuadro nos ofrece una escena de ambiente mitológico, a semejanza de una película coral de intriga amorosa, en la que se establecen una serie de relaciones que mezclan el mito con la realidad. Aparecen los siguientes personajes: como anfitriona y en el centro, encontramos a Venus (Afrodita) en este caso vestida con túnica. A su derecha –nuestra izquierda- las Gracias (Cárites) danzando, mientras son apuntadas por Cupido (Eros) con su arco, que sobrevuela sobre Venus. Parece que el objetivo es la Gracia central, que mira embelesada al joven de la izquierda, Mercurio (Hermes), que alza la mano para varear los frutos. En el otro extremo podemos ver a Favonio (Céfiro) raptando a Flora (Cloris), convirtiéndola en su esposa y dándole el dominio sobre las flores.

El jardín más importante de la mitología clásica es el de las Hespérides, que en realidad es el de Hera (realizado con las ramas que recibió de Gea en su boda con Zeus), cuyo cuidado estaba a cargo de las tres ninfas “del ocaso”, Egle, Eritea y Hesperetusa, a las que se les suma en estas tareas –por desconfianza de Hera hacia ellas- el dragón de cien cabezas Ladón. Un jardín de manzanos con frutos áureos que proporcionaban la inmortalidad. Manzanas que nos conectan con el “ciclo heracleo”, relato mitológico del héroe clásico por antonomasia, Hércules (el Heracles griego), que Euristeo le mandó robar como parte de los 12 trabajos (imposibles) de redención y castigo por haber matado a sus hijos, tras haber sido enloquecido por Hera.

La relación entre jardín y el encargo de 12 tareas me llevó a una visión contemporánea de la mitología por parte del británico Peter Greenaway en una de sus primeras películas, El contrato del dibujante (1982).

Descubrí a Greenaway a finales de los 80 con la maravillosa El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante (1989), una obra sobre el color y la condición humana. Un estudio sobre los límites de la pintura, en la época del cada vez más dominante lenguaje audiovisual, con el que en realidad desarrolla una ópera contemporánea. Greenaway nunca ha escondido su condición de pintor a la hora de afrontar sus proyectos cinematográficos, siendo esta una manera de explorar el lenguaje plástico a partir de las posibilidades que ofrecen los nuevos recursos tecnológicos. Crítico con la narración cinematográfica imperante, más propia del lenguaje literario y que limita el potencial de la imagen como medio esencial en el nacimiento y configuración del cine, nos propone una sintaxis adecuada a los medios audiovisuales (imagen-sonido). Criticado por pretencioso, ya que sus trabajos resultan de un complejo entramado de referencias culturales, artísticas, enciclopédicas, numéricas y mitológicas, sus obras son tachadas de artificiosas y esa precisamente es una de las virtudes de su cine, la de mostrarnos que el arte es artificio, creación ajena a la naturaleza.

Tras esta película pude ver gran parte de su cinematografía, comenzando con el ciclo de los 80, cinco películas que comparten un lenguaje experimental con vocación de llegar a más público: en orden inverso, Conspiración de mujeres (1988), El vientre del arquitecto (1987), A Zed & Two Noughts (1985), hasta llegar a El contrato del dibujante (1982), deliciosa película que nos habla sobre la representación y la imaginación, mediante una extravagante puesta en escena del Barroco, una estudiada y forzada fotografía que pretende demostrar la necesidad del arte por “enmarcar” (a cargo de Curtis Clark) y una recreación contemporánea y minimalista de músicas barrocas, principalmente de Henry Purcell, realizada por Michael Nyman.

Bajo una trama de suspense e intrigas en un ambiente aristocrático rural, subyace todo un artefacto simbólico de relaciones arquetípicas y tensión entre el espíritu analítico y la pulsión irracional, todo ello en un escenario, el jardín, que es la mejor creación humana para controlar y domesticar la naturaleza, a la manera de dioses menores (esa es una de las características principales del jardín, la creación de micro universos).

(Dos dibujos: proceso y resultado)

(Firma del contrato de los primeros 6 dibujos y encargo del decimotercer dibujo y ofrecimiento de una granada)

Esta relación con la mitología que se despliega en la película (volviéndose evidente en la referencia concreta del mito de Persófone) iba a ser una línea de trabajo dentro de unas jornadas dedicadas a La Belleza que acompañarían al proyecto Flores en el que trabajo y del que forma parte este texto. En un formato inicial de varias conferencias y charlas, propuse a la artista e investigadora Carmen González Castro (colaboradora de La Belleza, ver el nº1 del Bloc de notas), para que después de un visionado público, realizara un comentario de la película desde el punto de vista de la interpretación mitológica de alguno de sus aspectos (la mitología es una de las referencias fundamentales en el desarrollo de su pintura y formó parte del Grupo de Investigación de Mitocrítica de la Universidad Complutense, de la que es profesora). Este proyecto se vio alterado por el cambio de fechas en la programación de la exposición, pero seguí manteniendo las intenciones, aunque fuera en un visionado privado y unas notas posteriores como parte de este ciclo.

Trabajando en la documentación de este proyecto Entre Flores y Jardines di con un artículo de César García Álvarez –Profesor de Historia del Arte de la Universidad de León- titulado “Iconografía Mitológica de El contrato del dibujante, de Peter Greenaway” en el que “estudia las raíces mitológicas de la compleja iconografía empleada por Peter Greenaway, y muestra que (la película) puede ser leída como una alegoría mitológica de la creatividad artística.”

La intención de estos escritos y colaboraciones propuestos en este ciclo es la desarrollar aspectos interesantes en la gestación de este proyecto. Al descubrir este artículo (a posteriori) la “colaboración” en torno a esta obra cinematográfica ya quedaba resuelta, formando parte así, de los recursos teóricos y bibliográficos que soportan este trabajo.

Paso a realizar un breve comentario de lo que nos propone el autor en su artículo.

“En 1695, Mr. Neville, un pretencioso dibujante, es contratado por Mrs. Herbert, mujer del propietario de una mansión rural inglesa, quien acaba de emprender un viaje y desaparecerá enigmáticamente, para realizar seis dibujos de la mansión desde diferentes perspectivas. El contrato que firman recoge la obligación de Mrs. Herbert de mantener relaciones sexuales con Mr. Neville cuantas veces lo desee el dibujante. Cada dibujo se realiza desde un emplazamiento exacto, en cada uno de los cuales el dibujante mantiene diferentes conversaciones con algunos personajes de la mansión. Sin embargo, para desesperación del mediocre artista, algunos aspectos de cada vista aparecen cada día misteriosamente alterados. Mrs. Talmann, hija de Mrs. Herbert, contrata a su vez a Mr. Neville para la realización de otros seis dibujos, contrato que incluye igualmente favores sexuales. Tras la realización de los doce dibujos, Mrs. Herbert contrata la realización de un decimotercero, contrato que sella mediante una nueva unión con Mr. Neville, al que realiza una enigmática revelación. Esa misma noche, durante la realización del decimotercer dibujo, se producirá un fatídico desenlace.”

Tras este breve resumen del argumento de la película, García Álvarez nos advierte sobre la extraordinaria “carga simbólica” contenida en la obra de Greenaway, en la que utiliza un constante “procedimiento de mitologización”. Claves mitológicas que son difíciles de desentrañar ya que el artista establece una “fusión del sentido de varios mitos diferentes”:

1/ Perséfone. En el mito de Perséfone se puede encontrar una de las claves más profundas del significado del film. Mrs. Herbert nos revela al final “que los hombres infértiles y temerosos de la fecundidad de la mujer, las raptan como Hades a Perséfone y construyen jardines y palacios para paliar y compensar la infertilidad y el cautiverio”. Las granadas, tan importantes en el mito, en este caso son comidas por el dibujante con lo que sella su destino.

2/ Hércules. Los 12 dibujos encargados al dibujante corresponderían a los 12 trabajos de Hércules realizados por orden de Euristeo, “pero en realidad decretados por Hera/Juno, la diosa enemiga del héroe”. Varios detalles refuerzan esta equiparación de los dibujos a los trabajos: un rebaño, manzanas… Además, se evidencia un conflicto entre clases, la aristocracia que podríamos relacionar con los dioses y el artista de “clase social incierta”, detestado como los héroes por ellos.

3/ La Diosa Blanca y el rey sagrado. El “asesinato ritualizado” del dibujante nos lleva a la mitología céltica descrita por Robert Graves en La Diosa Blanca, en la que “el rey sagrado disfruta de su reinado durante un año. Al término del cual, en el decimotercer mes lunar, el rey se une sexualmente con mujeres que simbolizan a la diosa y a la naturaleza, y en las que engendrará descendencia. Tras esta cópula, el rey es sacrificado ritualmente”. Podemos escuchar al comienzo una voz que canta “resumiendo su sentido mítico más profundo: ‘la Reina de la Noche derrotó al Día’. La mujer, vence y aplasta al hombre, la naturaleza al arte, la emoción a la razón”.

4/ Pan o el Greenmann. En varios momentos de la película aparece un “hombre-estatua” que se confunde con el ambiente, de espíritu burlón, que, entre otras cosas, orina y escupe una piña mordida. Podríamos emparentarlo con el Pan clásico o con el genio de los bosques de la tradición británica y a la piña como símbolo de la inmortalidad.

Para terminar, el autor, nos propone “el sentido mitológico global de la película: En la mansión de un dios Cronos/Zeus/Hades/Neptuno, temeroso del fuego, la diosa, desdoblada en Demeter/Juno (Mrs. Herbert) y Perséfone (Mrs. Talmann), casada con un Hades estéril y ávido de posesiones (Mr. Talmann), encargan al rey sagrado del año, Hércules (Mr. Neville), doce dibujos diurnos, a cambio de favores sexuales que les permitan engendrar hijos. Una vez terminada la tarea y tras un último y fatídico contrato para un décimo tercer dibujo nocturno, el dibujante es sacrificado como rey sagrado del año. Pan certifica que ha alcanzado la inmortalidad”.


César García Álvarez

“Iconografía mitológica de El contrato del dibujante, de Peter Greenaway”

De Arte, 1, 2002, pp. 139-144.

Servicio de Publicaciones Universidad de León

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